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sábado, 27 de julio de 2013

Don Juan Tenorio

Escena II

 

Don Juan, La estatua de don Gonzalo, y las sombras

 
 
Estatua-  Aquí me tienes, don Juan, y he aquí que vienen conmigo los que tu eterno castigo  de Dios reclamando están.
D. Juan- ¡Jesús!
Estatua-¿Y de que te alteras si nada hay que a ti te asombre, y para hacerte  eres hombre platos con sus calaveras?
D. Juan- ¡Ay de mí!
Estatua- ¿Qué? ¿El corazón te desmaya?
D. Juan- No lo se;concibo que me engañé; ¡no son sueños..., ellos son! (mirando a los espectros.) Pavor jamás conocido  el alma fiera me asalta, y aunque  el valor no me falta, me va faltando el sentido.
Estatua- Eso es, don Juan, que se va concluyendo tu existencia, y el plazo  de tu sentencia fatal ha llegado ya.
D. Juan- ¡Que dices!
Estatua- Lo que hace poco  que doña Inés te avisó, lo que te he avisado yo,  y lo que olvidaste loco. Más el festín que me has dado debo volverte; y así, llega don Juan, que  yo aquí  cubierto te he preparado.
D. Juan- ¿Y qué es lo que ahí me das?
Estatua- Aquí fuego, allí ceniza.
D. Juan-  El cabello se me eriza.
Estatua- Te doy lo que tu seras.
D. Juan- ¡Fuego y ceniza he de ser!
Estatua- Cual lo que ves en redor; en eso para el valor, la juventud  y el poder.
D. Juan- Ceniza, bien; pero ¡fuego...!
Estatua- El de la ira omnipotente , do arderás eternamente, por tu desenfreno ciego.
D. Juan- ¿Con que hay otra vida más y otro mundo que el de aquí? ¿Conque es verdad, ¡ay de mí! lo que no creí jamás? ¡Fatal verdad que me hiela la sangre del corazón! ¡Verdad que mi perdición solamente me revela! ¿Y ese reló?
Estatua- Es la medida de tu tiempo.
D. Juan- ¿Expira ya?
Estatua- Si; en cada grano se va  un instante de tu vida.
D. Juan- ¿Y ésos me quedan no más?
Estatua- Si
D. Juan- ¡Injusto Dios! Tu poder me haces ahora conocer, cuando tiempo no me das de arrepentirme.
Estatua- Don Juan, un punto de contrición  da a un alma la salvación, y ese punto aún te lo dan.
D. Juan- ¡Imposible! ¡En un momento borrar treinta años malditos de crímenes y delitos!
Estatua- Aprovéchale,  con tiento (tocan a muerto) porque el plazo va a expirar,  y las campanas doblando  por ti están, y están cavando  la fosa en la que te han de echar (Se oye a lo lejos el oficio de difuntos. Se ve pasar por la izquierda la luz de difuntos)
D. Juan- ¿Conque por mí doblan?
Estatua- Si
D. Juan- ¿Y esos cantos funerales?
Estatua- Los salmos penitenciales que están cantando por ti. (Se ve pasar por la izquierda luz de hachones, y rezan dentro)
D. Juan- ¿Y aquel entierro que pasa?
Estatua- Es el tuyo.
D. Juan- ¡Muerto yo!
Estatua- El capitán te mató a la puerta de tu casa.
D. Juan- Tarde la luz de la fe, penetra en mi corazón, pues crímenes mi razón a su luz tan sólo ve. Los ve... y con horrible afán, porque al ver su multitud, ve a Dios en su plenitud de su ira contra Don Juan.  ¡Ah! por doquiera que fui la razón atropellé, la virtud encarnecí,  y la justicia burlé.Y empezoñé cuanto vi, y a las cabañas bajé, y a los palacios subí, y a los claustros escalé; y pues tal mi vida fue, no, no hay perdón para mí. ¡Más ahí estáis todavía! (A los fantasmas) con quietud tan pertinaz! Dejadme morir en paz, a solas con mi agonía. Mas con esa horrenda calma,  ¿que me auguráis, sombras fieras? ¿Qué esperáis de mi?
Estatua- Que mueras para llevarse tu alma. Y adiós, don Juan, ya tu vida toca a su fin; y pues vano  todo fue, dame la mano en señal de despedida.
D. Juan- ¿Muéstrasme ahora amistad?
Estatua- Si, que injusto fui contigo, y Dios me manda tu amigo volver a la eternidad.
D. Juan- Toma, pues.
Estatua- Ahora, Don Juan, pues desperdicias también el momento que te dan, conmigo al infierno ven.
D. Juan- ¡Aparta piedra fingida! Suelta, suéltame esa mano,  que aún queda el último grano en el reló de mi vida. Suéltala, que si es verdad que un punto de contrición da a un alma la salvación de toda una eternidad, yo, Santo Dios, creen en Ti; si es mi maldad inaudita, tu piedad es infinita...¡Señor ten piedad de mi!
Estatua- Ya es tarde. (Don Juan  se hinca de rodillas, tendiendo al cielo la mano que le deja libre la estatua. Las sombras, esqueletos, etc...van abalanzarse sobre él, en cuyo momento se abre la tumba de Doña Inés y aparece ésta. Doña Inés toma la mano  que Don Juan tiende al cielo.)
 
Fuente: Don Juan Tenorio
Autor: José Zorrilla

miércoles, 17 de julio de 2013

Fausto

La noche


Salón gótico, pequeño y abovedado. Fausto, algo inquieto y sentado en un sillón junto a su pupitre.

 
Fausto- ¡Ay de mí! Con laborioso ardor he estudiado la filosofía, la jurisprudencia, la medicina, y también la teología, e, ¡insensato de mí!, al presente soy tan ignorante como si nada hubiese aprendido. Bien es verdad que me  titulo maestro, doctor, y que hace unos diez años enseño a mis discípulos muy distintas materias. ¡Convencido estoy de que nada podemos saber...! ¡Esto consume mi corazón ! En realidad, sé un poco más que los necios, los doctores, los maestros, los clérigos y los monjes; ni escrúpulo ni duda de clase alguna me mortifica; ni el diablo ni el infierno me amedrentan: pero gracias a esto, tampoco disfruto de placer alguno; conozco que nada sé de bueno; comprendo que mis doctrinas no son bastante sólidas para hacer mejores y para convertir a los hombres; carezco de bienes , de dinero, de dicha y de crédito en el mundo; un perro, de fijo, que a este precio no quisiera vida. ¿Para venir a parar a este desenlace triste, me habré entregado por completo a la magia? ¡Ojalá pudiese lograr con la fuerza del talento y de la palabra que me fuesen revelados ciertos misterios! ¡Ojalá  no me viese obligado  a sudar sangre  y agua para confesar, en último resultado, mi ignorancia! ¡Ojalá me fuese posible saber lo que contiene el mundo en sus entrañas, asistir, y presenciar el desarrollo  de toda clase  de fuerzas activas, poseer el secreto de la fecundación y abandonar para siempre este   tráfico de palabras misteriosas que nos obliga a usar nuestra ignorancia!
 
 
 ¡Oh tú, Luna, amiga cariñosa que muchas veces me has encontrado revolviendo libros y en vela junto a este pupitre, dígnate a arrojar, sobre mi triste existencia, un solo rayo de tu argentina luz! ¡Cuán feliz  sería si pudiese divagar por las cumbres de los montes guiado por tu luz cenicienta; flotar con los Espíritus en las grutas profundas; errar a través de las embalsamadas praderas; y encontrar la pureza del alma  al bañarme en tu rocío!
 
¡Ay de mí! ¿Debo permanecer aún más tiempo en esta miserable prisión? ¡Maldito nido de tenebrosa muralla, en donde sólo penetra la clara luz del día  al través de pintados cristales! ¡Para mi el mundo es  únicamente esta gran cantidad de libros y papeles sucios y roídos por los gusanos  que se eleva a mi alrededor hasta tocar la elevada bóveda! ¡Para mí el mundo se reduce a estos botes, a esos vidrios, a esos instrumentos, a esos muebles de mis antepasados¡... ¡Pobre mundo es el mío!
 
Y aún me atrevo a preguntar, ¿por qué mi corazón  se siente oprimido y late con angustia en el interior de mi pecho, por qué un dolor inexplicable detiene  en mí toda pulsación vital, yo que vivo en medio de vapores dañinos  y del aire corrompido, en vez de respirar el puro ambiente de la Naturaleza en cuyo seno Dios  creó a los hombres, yo que sólo amontono junto a mí huesos humanos y esqueletos de animales?  
 
 
¿Por qué no debo disfrutar del mundo? ¿Por qué no recorrer el espacio? ¿Este misterioso libro de Nostradamus deja por ventura de ser un guia certero? ¡Si, conoceré el curso de las estrellas; y, si la Naturaleza quiere instruirme, sentiré desarrollar y engrandecer mi alma,  lograré saber de que manera un espíritu habla con otro espíritu ! En vano trataría de adivinar los caracteres sagrados  con la ayuda de un árido  sentido común.  ¡Vosotros que revoloteáis  alrdededor de mí, vosotros, espíritus, si comprendéis mis palabras, satisfaced mis deseos! (Abre el libro y repara en el signo  del macrocrosmo) ........................
 
 
Autor: Goethe
Fuente: Fausto

Fausto

En el cielo

 

El Señor; las milícias celestes, luego Mefistófeles

 
El Señor- ¿Te queda aún algo por decir? ¿ Sólo te presentas por acusar? Según tu modo de ver , ¿Nada hay en la tierra que tenga algún valor?

 
Mefistófeles- No; como siempre, soy de parecer que en el mundo , Señor, las cosas andan muy mal. Me compadezco de la miserable vida que arrastran los hombres, y hasta valor me falta para atormentar a esa pobre gente.

 
El Señor- ¿Conoces a Fausto?

 
Mefistófeles- ¿El doctor?

 
El Señor- Mi servidor.

 
Mefistófeles- En realidad os sirve de una manera muy particular. El insensato no se nutre de cosas terrestres: la inquietud le devora; conoce a medias su locura; pide a los cielos las hermosas estrellas y a la Tierra los más sublimes regocijos, y, tanto lo que está cerca, cómo lo que está lejos, no basta satisfacer su corazón profundamente agitado.

 
El Señor- Si a pesar de su extravió se acuerda de mí, le haré gozar de la luz eterna. No ignora el jardinero, cuando el arbolito echa renuevos, que más tarde se cubrirá de frondosas ramas y soberbios frutos.
 
 
 
Mefistófeles- ¿Apostemos a que perderéis también ese ser, si me permitís que, poco a poco, lo atraiga hacía el camino trazado y seguido por mí?

 
El Señor-¡ Mientras viva sobre la tierra te concedo el que pongas en obra tus asechanzas! El hombre se extravía siempre que, no satisfecho de lo que tiene, busca su felicidad fuera  de los límites de lo posible.

 
Mefistófeles- Ya que me lo permitís, os doy las gracias. Me alegro que me autoricéis para ponerle en tentación  mientras viva, porque, con franqueza os lo digo, los muertos no me satisfacen, y voluntariamente nunca interrumpiría su profundo descanso. Sobre eso soy del mismo parecer del gato respecto a los ratones.

 
El Señor- Bien; lo pongo a tu disposición, extravíale si puedes,  y arrástrale hacía el mal camino: pero avergüenzate también si te convence de que, a pesar de su ciego instinto, un hombre bueno puede seguir perfectísimamente el camino recto.

 
Mefistófeles- ¡Muy bien! ¡Lo sensible es que esto deba durar tan poco! No tengo ni el más leve temor de perder mi apuesta. ¡Si venzo, permitid que me entregue por completo a un extremado regocijo!¡Quiero que, gustoso, muerda el polvo  como lo mordió mi tía, la famosa serpiente!

 
El Señor- Puedes obrar sin recelo, nunca ha despertado cólera en mí tu maléfica influencia. De todos los Espíritus que niegan, el Astuto es el que me importa menos. La actividad del hombre, es muy propensa a retardar su paso; muy pronto se echa en brazos de un absoluto  y placentero reposo. Por tanto, me gusta poner  a su lado un aguijón, aunque sea el mismo diablo, que la impulse  a trabajar. Empero, vosotros,  verdaderos hijos de Dios, gozad de la viviente  y fecunda  belleza: procurad  que la activa  y eternal sustancia os ciña con los suaves lazos del amor y que vuestra mente con claridad y perseverancia dé forma  a las apariciones flotantes e intangibles.

 
(La mansión del Señor se cierra; los ángeles se dispersan)
 
 
Mefistófeles- (A solas) De vez en cuando me gusta hablar con el Abuelo, y procuro quedar en buenas relaciones con Él. ¡Es cosa de ver el que un tan gran señor  hable tan bondadosamente con el diablo!

Autor: Goethe
Fuente: Fausto